miércoles, 16 de junio de 2010

Crónica

En la espera de un corazón de bondad

Alrededor de 300 peruanos mueren en espera del trasplante que les permita seguir viviendo, mientras tanto esperan sentados en los pasillos de algún hospital.

Si no supiera que estoy es un hospital, cualquiera podría pensar que es la sala de espera de algún banco de la capital o esperando para una entrevista de trabajo, pero nada más lejano que eso, la mayoría de los que esta sentado aquí espera algo, en realidad es más que algo… es la vida.

Una madre espera mirando tiernamente a su pequeña, en la dulzura de esa mirada parece tratar de tranquilizar a aquella niña inquieta a la cual la vida parece írsele de las manos sin que ella se de cuenta, si que ese fantasma llamado muerte quite la sonrisa de su rostro; ¿cuanto tiempo deberá esperar? Ni la madre lo sabe, son muchos en las lista y pocos los decididos a entregar parte de quien se quiere y de quien se sabe que no volverá en sí.

Un hombre, posiblemente piense en esos niños que quiere ver crecer, hacerse hombres, lograrse como profesionales; mira al cielo y pide a Dios que lo deje cumplir este sueño.

Quizás nunca lo pensaron, quizás nunca imaginaron estar sentados aquí, y es que nadie piensa que en la vida se va a necesitar de otros para sobrevivir; pero esa es la historia de miles de personas que esperan un trasplante de órgano.

Para estas personas el dolor más que físico es el del alma, esa alma que espera que alguien con su muerte derrote al egoísmo y le otorgue la posibilidad de seguir viviendo y tener una vida más plena, pero son conscientes que ese es un milagro porque solo el 10% de los donantes potenciales están decididos a dar este paso.

La espera es probablemente lo más angustiante no solo para las personas que requieren del trasplante sino también para la familia quienes sufren al verse atados de manos y pies; y quienes necesitan un corazón nuevo que no tenga tanto sufrimiento, porque el de ellos ya esta dañado por tanto dolor.

En este mismo hospital donde la vida y la muerte juegan su partido más reñido otra persona estará con un corazón que pronto se detendrá, aquí en estas paredes quizás algunas historias se entrelacen y hagan de ese duro y penoso momento que es la muerte, la más sublime de las acciones, el que su cuerpo se convierta en ese cofre de vida, que esa persona se vuelva el héroe de otra, que sus padres tengan otros hijos, que sus hermanos tengan más hermanos.

Una sola persona puede ser la donante de 84 receptores, puede volver a vivir en cada uno de ellos, y no convertirse en polvo, sino convertirse en vida; en la vida que permita ver otro amanecer a quien nunca pensó volver a verlo.

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